Tempestad

Tu perfil delinea tus encantos. El borde de tus caderas la forma geométrica de tus pechos, el camino desde tus tobillos, hasta tu monte de venus. 

Quiero pararme a descansar entre tus dos piernas. Voy a saciarme esta sed
en ese lugar donde mi timidez hace aguas y mi vergüenza se hunde al mismo
tiempo que mis dedos en tu desnudez. 
 
Noto la dulzura de unos labios que provocan un ligero movimiento
de delicada sutileza por mis adentros, y aún no he sobrepasado la barrera
de la otra mitad de tu cuerpo. 
 
Pero mis manos ya van camino de tu ombligo, voy escalando
con ayuda de tus impulsos, deslizándome como si fuera una serpiente, 
por la planicie de tu estómago, anclándome, por un instante, a lo voluptuoso
de tus pechos. 
 
Mi lengua ya viene húmeda desde hace unos centímetros atrás, quiere dejarse
sentir en este lugar tan sensible de tu cuerpo, quiero deslizar este músculo
con tanta lujuria y deseo que te estremezcas y ardas en fuego, 
oír tus quejidos pidiéndome más, apretarlos con mis manos mientras
los meto en mi boca porque me excitas hasta humedecerme las ganas. 
 
Sujetarte el cuello, besarte el lóbulo de la oreja, y susurrarte que te quiero, y 
que quiero más de todo esto, que no eres mía, pero no quiero que te olvides
de quén eres para mi. Que tu libertad me importa tanto como tu soledad o tu cautiverio,
pero que si esto no funciona, no podemos olvidar lo que nos trae hasta aquí, 
esta conexión, esta emulsión de nuestros cuerpos, esta explosión interior que 
siempre que te llama, apareces, esta esquizofrénica tensión sexual que no
nos separa más sino que nos une. 
 
Pero es un texto demasiado largo para susurrarte al oído, 
así que lo dejaré en mis pensamientos, y trataré de transmitírtelo con mi cuerpo, 
seguiré besándote mientras coloco y encajo mis caderas con las tuyas
y acompaño el movimiento con tu excitación y mi agitación por tratar
de llegar al orgasmo antes que tú. 
 
Abracémonos en la tempestad de la tormenta, 
deja que lluevan ganas de querernos
ganas de vernos,
o ganas de olvidarnos para siempre…
pero que no solo sea sexo lo que nos envuelve, 
y podamos vernos más allá del deseo
y hablarnos más con pasión pero…
desde el corazón. 

La última vez

 

Diego Njera

 

…Y tócame con tus ojos, que no hacen más que atravesar mi alma y sacudir mis miedos,

…y háblame con tus manos mientras las mías, torpes, se enredan unos dedos con otros, 

…y acércate, que te veo lejos, y quiero que dejes de ser ausencia. 

Conviértete en realidad antes que en ideal, corrígeme si me equivoco, pero muero de vergüenza cuando tu boca me besa el cuello, y siento cómo se emociona todo mi cuerpo, mi sexo, y mi lengua, queriéndose encontrar con la tuya y aún no logro hallar la manera de desenvolverme en este misterio al que me entrego sin miedo pero confusa. 

Cachea mis sentidos, con tus susurros en mi oído, y déjame encontrar el camino que va de mí hasta ti, por estas curvas, a veces delicadas, otras húmedas, y otras veces sumidas en la más dulce oscuridad, deja que mis noches de estrellas den paso a tus días de sol, y en los amaneceres mi cuerpo y el tuyo no quieran despegar de la absoluta liviandad que da lugar a la unión de la reciprocidad con el amor. Es una conjunción maravillosa, a la vez que inexperta para mi. 

Acordemos una meta, un objetivo, un proyecto común, alcemos las manos para elegirnos y votemos por nuestros propósitos, demos respuesta a nuestras incógnitas y fluyamos en las ideas que nos hacen ser creativas y dispuestas. Pongamos rumbo a lo desconocido, y dejemos atrás el olvido y lo pasado. Aprendamos de nuestros límites y deshagámonos de nuestras creencias inservibles y poco prácticas, saboreemos el poder del ahora, con su regalo de estar presente y consciente, más no pongamos trabas a lo que aún nos queda por experimentar si aún existe esa posibilidad. 

Recuérdame siempre quien soy, y yo te devolveré la imagen de lo que tú eres, más si tus manos deciden apretar las mías, y avanzar juntas en esta bendita vida, no dudes en que yo así lo haré también, pues te estaba esperando mi amor, como ya lo hice la última vez. 

Disfrutaba me nacía del el ser esto con tigo y así era mi amor dulce para todo lo que tuviera que ver contigo y pervertida para todo lo que tuviera que ver con nosotros

Deseo

Si el deseo es lo que mueve al mundo, deseo que el mundo me deje encontrarte y te ayude a buscarme

Hace tiempo que mi cuerpo dejó de mendigar amor, para dárselo a sí mismo. Hace tiempo que mis sueños sanaron las heridas de amores que me olvidaron. Hace tiempo que los latidos de mi corazón suenan diferentes.

Hice pegamento con el agua y la sal de mis lágrimas y dejé que ellas restauraran las grietas por donde la luz del sol no entraba. Me acomodé dudosamente en la rigidez de mi alma, que atormentada por tanta insensatez desorientada, me hizo comprender que merezco mucho más de que lo que me daban, y más que ser deseada, anhelaba ser amada. El contraste me advirtió del aprendizaje y comencé por mí misma: me AMÉ.

Acompasé mis ansias con los ritmos naturales de duelo y recuperación. Flirteé con volver la mirada a los tiempos pasados, quizás por inoportunas creencias de querer rememorar aquéllo que tanta felicidad me aportó en su momento, pero por cada vez que lo hacía, las ganas de enraizarme en el presente me descolocaban. Y volvía a empezar aquélla letanía que una y otra vez en mi cabeza se repetía, y con la mano en mi corazón sentía:

Este es mi centro, mi fuente de sabiduría, mi espacio seguro, mi lugar de confianza, estoy aquí y ahora, y soy aquí y ahora. Y nada de lo que fue, y nada de lo que será, es más importante que lo que ES ahora. 

Hay nuevas y renovadas energías circulando por mi SER, algunas ya las había olvidado, otras han regresado, y muchas se han creado para hacerme saber el potencial interior que está por descubrir y expresarse a través de este cuerpo perfectamente ornamentado y estructurado que está deseando ser amado.

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Oculté durante mucho tiempo mis vergüenzas: vergüenzas con traje de deseo, vergüenzas con careta de niña buena, vergüenzas sin escrúpulos y mucha soberbia, vergüenzas decoradas y maquilladas para esconderse detrás de luces y sombras que no dejaban salir a la mujer adulta, y siempre mostraban a la niña herida. Hasta que un día no lo soporté más y las abracé a todas, no supe más que ser amorosas con todas ellas, acariciarlas, y mecerlas en mi regazo, desearles lo mejor, y agradecerles su labor para mostrarme el mensaje que no estaba viendo.

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Hay miedo aún a intentarlo de nuevo y a la incertidumbre de “y si…”, pero me puede más el deseo de querer hacerlo, de tomar acción, de ponerle oídos y corazón a mi voluntad, de someterme íntegramente a la experiencia de exponerme y ser mirada, observada, deseada, piropeada…y quizás en alguna mirada encontrarme con lo que anhelo de verdad, con lo que quiero compartir en esta Vida, con lo que quiero ser y siempre he sido, con el AMOR (de verdad). Y dar el sí, quiero … a los abrazos, a las caricias, a los besos, a los viajes, a la convivencia, al compromiso, a las alegrías, a las penas, a la mismísima experiencia de compartir mi camino con esa otra persona que desea lo mismo que yo: AMOR.

Y que también es lo mismo que yo: AMOR.

Así que si me ves, no dudes en ir a mi encuentro, no sabré qué hacer ni qué decir, pero sabré que eres tú cuando mi corazón calmado, mi mirada fija en la tuya, y mis manos recogiendo las tuyas, sepan que ciertamente era a ti, a quién estaba esperando.

«Ahora le digo _te quiero_, sin que eso signifique dejar de quererme a mí» - Vivir sin depender

3

De la niña que fui, a la adulta que soy hoy. Sumanos tres.

A la niña que fui, la adulta de hoy le abre los brazos, y le da un lugar en el corazón.

A la adulta que soy, la niña que fui le dice: llevo tiempo esperando este momento.

Yo les digo a las dos, bienvenidas a mi lugar de reunión. A mi retiro espiritual, a mi punto de encuentro conmigo misma, a mi espacio de paz y liberación. Gracias por ser partícipes de este encuentro.

A la niña que fui, la adulta de hoy la recuerda con un jersey amarillo, el pelo rubio con el flequillo trasquilado, un ojo vago, y una inocencia tan espontánea como dicharachera.

A la adulta que soy, la niña que fui no la recuerda, hasta el día de hoy siempre la tuvo abandonada.

A las dos os digo, yo os abrazo con toda mi alma.

A la niña que fui, la adulta que soy, hoy le dice que si puede perdonarla. Que se ha dado cuenta de que el vacío que sentía era porque le faltaba ella.

A la adulta que soy, la niña que fui, le mira a los ojos, le pone la mano en su corazón, y le dice en voz baja: siempre estuve aquí, pero creíste que no te hacía falta.

A las dos os digo, vuestra unión es lo que me da alas.

A la niña que fui, la adulta que soy le dice con lágrimas en los ojos: ¿aún me amas?

A la adulta que soy, la niña que fui le contesta: nunca dejé de hacerlo.

A las dos os digo, sois el combustible que alimenta mi corazón. Sois mis ganas.

 

Y cogidas de la mano, entonando un cántico de esperanza, resuenan en un sólo corazón los latidos que hacen vibrar este espíritu encarnado aquí en la Tierra, alimentándose de su propio amor, haciendo crecer la semilla de un Ser que, encerrado en su cascarón, rompiéndolo ya va viendo la luz que la hace florecer mostrándose tal y como es:

PURA VIDA.

Sueño

El dolor que se me revela en los sueños, ponen de manifiesto mi dolor interno. La apertura que se produce en ese estadio me supone una entrada a mi inconsciente y me empuja, en modo catártico, a lidiar, junto con personajes inventados y conocidos, con aquéllas emociones que no gestiono de manera consciente durante el día. 

No quiero seguir siendo rechazada por alguien que no me ama, cuando tengo tantas posibilidades de ser amada. No quiero seguir empeñándome en ser vista por unos ojos que no consiguen descubrirme, cuando puedo quedarme quieta y que esa persona que me está buscando, me encuentre. No quiero seguir sufriendo porque te fuiste, cuando fui yo quién se dio cuenta de que ya no te quería a mi lado por tu ausencia de amor. Ahora quiero abrir mis brazos, mostrar mi corazón, saber, que aunque con alguna que otra cicatriz y tiritas, sigue latiendo la Vida en su interior. No quiero seguir llevando este lastre a mis espaldas y seguir naufragando a la deriva, mirando solo mar y agua a mi alrededor. Me provoca temor salir de mi zona de confort, ¿y a quién no?, la incertidumbre me mata, y la nostalgia me seduce de manera continuada cuando los planetas, como Mercurio o Venus, retrogradan. Pero como decía Mandela, soy la dueña de mis destino, la capitana de mi alma, y no quiero que el final de mi vida llegue sin haberla podido vivir sabiendo, no cómo, sino que tenía que ser vivida. Experimentada. 

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Cuando paso por estos momentos chocantes vespertinos, donde los sueños me colocan en un lugar de excitación, ya sea por placer o por dolor, reflexiono sobre si lo estaré haciendo bien. Si estará mereciendo la pena la vida que llevo o que, al menos, estoy llevando con lo que conscientemente se sobre cómo vivirla.  Inevitablemente tiendo a la comparación, en tanto en cuanto a la vida que llevan las personas que conozco y que me rodean. Y claro, como Virgo que soy, tiendo a buscar la perfección en todas mis facetas. Esa emulsión de ser quién debería ser con ser quién verdadera y humanamente soy. La utilización del control sobre todas las cosas para que nada se escape a esa inestimable estupidez inconsciente de mirar de que nada está bien, todo tiene que ser retocado a mi manera, y necesariamente superar, incluso, mis maneras y mis formas. Y sentir que nunca estará perfecto, siempre necesitará algún retoque. Siempre. 

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Quizás, algún día llegue alguien, que con sólo mirarme sienta que, toda esta imperfección in-aceptada que creo que soy, me haga sentir-me todo lo contrario, siempre y cuando yo sepa que aunque sea la persona perfecta, no necesite ser retocada por esta mirada analizadora de imperfecciones, y le de un giro inesperado a mi visión, pero sabio y cierto, acerca de mi escrutinio. Porque entonces, y solo entonces, comprenderé que ha llegado la persona imperfecta para esta sub-categoría de (no) perfección que soy. 

Pensar que me hicieron así, pero que puedo ser mejor, es el pensamiento inequívoco continuo de mi mente sobre la infravaloración y subestimación que me hago cada día y que retorna en un pensamiento de auto-sabotaje que deriva en baja auto-estima y se dilata en un: No valgo para esto, ni para nada.

… duro resulta escucharlo en mi cabeza, como escribirlo con estas letras. Duro. …

Y recordar quién Soy, supone pasar por el dolor de saber quién No soy, para caer en la calma infinita de que sólo por el hecho de existir ya merezco Ser. Aunque en más de una ocasión, Merecer y Rechazo caigan en el mismo saco, y se junten para componer órdenes y desórdenes mentales que provoquen mi desaliento, hace tiempo que me auto inculqué que Merecer y Vivir, tienen más parecido con existir que con desear morir. Y que si estoy aquí, en esta Tierra, en este plano, es por algo. Y que, a pesar de que no puedo ver ese Algo más grande que yo, Todo lo que sucede es perfecto para que yo pueda experimentar la Vida en su totalidad bajo la mirada atenta de quien me dio la oportunidad de estar donde estoy, con lo que se y con lo que no, para elevar mi espíritu a la máxima expresión, que no es otra que la de el:

AMOR

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Past present future

He escrito tanto sobre mis pasados contigo, que ahora no sé qué me espera en mis futuros sin ti. Y eso que ahora ya sé, que no te quiero ver más. 

No te quiero ver más. 

No te quiero ver más. 

No te quiero ver más. 

Y espero que te llegue el mensaje. Si quieres te lo escribo en un billete de 50 euros de los que sueles llevar en la cartera que siempre dejas para algún imprevisto de esos a los que casi nunca estabas acostumbrada. No me gustó tu última sonrisa, quizás porque yo ya estaba en otra onda y ni siquiera las muecas de tu cara sabían adivinar las intenciones de mis fallos la última vez que nos acostamos.

-No he venido a quedarme- , me dijiste con la mirada perdida en la esquina izquierda de la habitación.

-Ni siquiera te he preguntado si quieres quedarte-, contesté, al mismo tiempo que me refugiaba bajo tu brazo derecho rodeando mi cuerpo desnudo. 

Quizás te diste cuenta, quizás no, pero supiste muy bien retirarte a tiempo de la conversación. Y decidimos volver a hacer el amor. 

Hacer el amor. 

Más bien, follamos y fallamos tantas veces como gemidos soltamos en aquella, más de, media hora que duramos, antes de levantarnos a desayunar y largarnos de aquél hostal. 

Y sentadas en las escaleras de la entrada no se te ocurrió otra pregunta que hacerme:

-Bueno, ¿y ahora qué? 

Yo sólo era capaz de ver llover desde donde estábamos sentadas. Había amanecido el día con mucha humedad, y muy tormentoso, no paraba de llover, a cada rato, más fuerte o más flojo, dependía, casi, hasta de la ira que se me estaba acumulando en mi interior. 

¿Y ahora qué?, ¡me dice! – pensaba. Como si yo fuera a responderle algo que la hiciera cambiar de opinión con respecto a la situación en la que nos habíamos metido aquél fin de semana. 

Mis oídos no supieron escucharla, y mi corazón no hizo más que silenciarse y dar la respuesta por callada. El cuerpo me arrancaba a rastras de aquel hostal, y a ella parecía importarle poco o nada, el adiós fulminante y el emblemático fin de semana. 

Me fui más con el sabor del bocadillo de calamares que nos cenamos la noche antes, que con su beso de hasta siempre, Ana. 

En el coche, de vuelta a mi casa, la letanía en mi cabeza sobre lo que había sucedido no lograba que me concentrara en la carretera. 200 kilómetros de preguntas sin respuestas, que hacían de mí una idiota denostada, que quería convertirse en avestruz y meter la cabeza bajo tierra para que se callara.

Lamenté todo lo que había organizado para conquistarla. Volví a meter la pata, y días después, a ella la sentí como una espina, en el corazón, clavada. No era capaz de alcanzar un estado de comprensión y aprendizaje tal, que me diera las claves para por fin cerrar esa puerta, ese ciclo, y establecer de una vez por todas, los límites adecuados para mi recuperación y sanación. 

Pero no se hizo esperar. Re-ordené toda mi estructura mental, psicológica, emocional, corporal y espiritual. Me llevó tiempo. Dedicación. Caer y volver a levantarme. No era un sacrificio, era una re-evaluación de todo lo que había vivido, un evolución en proceso que ya no tenía vuelta atrás. 

Actualmente eres un pensamiento en adopción. No sé muy bien qué significa, pero desde luego si lo escribo es porque mi inspiración y mi subconsciente necesitan que esté ahí presente. La frase, no tú. Porque desde que en este mismo instante me imagino en un futuro sin ti, todo tiene otro color, otra emoción, otro sentimiento, y además tiene nombre: se llama 

Amor 

Chacier

No te veo, y ni siquiera necesito imaginarte, te quedaste tan grabada entre las huellas de mis dedos, que [me] es imposible tocar[me] sin sentirte aquí dentro. Entre la piel y los huesos de este cuerpo.

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Es tan fácil amar[me]. Que desde que mis ojos saben mirar[me], observo como cada célula de mi cuerpo se emociona del propio amor que [me] siento. Y de esa manera tan noble, y tan honesta, descubro la belleza de la que estoy hecha. Y, ¿sabes qué?, me encanta quedarme miles de ratos mirando[me] tanta hermosura, tanta delicadeza, esa sonrisa que enamora, esos cachetes que se [me] sonrojan, esa vergüenza de niña anidada en la mirada, esa dulzura con la que saco la lengua para humedecer[me] los labios mientras los muerdo como si deseara que me besaran.

Claro que lo deseo, lo anhelo, me apasionan los besos. Nada me gusta más que una lengua entrelazada con otra, agitando saliva entre dos bocas, lamiendo, enganchándose con los labios, rozando los dientes, chocando, buscando lugar donde quedarse sin parar quieta un segundo.

Qué fácil es querer[me]. Y qué difícil hacer creer al(a) otro/a que soy todo lo contrario. Estando en igualdad de condiciones, de ambiciones, de pasiones, de anhelos y deseos inequívocos, pero qué mal interpretamos el amor cuando se trata de conjugarlo entre dos que no tienen ni idea de lo que es enamorarse.

Qué ganas de taponar[me] el corazón como si fuera una botella de vino que se fuera a disipar. Qué ganas de poner[nos] fronteras entre dos cuerpos que sólo buscan la calidez de unos abrazos, la dulzura de unos besos, la sencillez de una caricia, la presencia, al fin y al cabo, de quien le acompaña, a su lado, en la Vida. Y permitimos los encontronazos, sin observar(nos) lo más mínimo, reaccionando ante cualquier impertinencia de él/ella, que sólo quiere ser amado/a.

Sólo quiero ser amada.

Y me doy cuenta de que mi corazón sigue latiendo cada mañana, y hoy me desperté con una idea en la cabeza: sigo siendo la misma por fuera, pero, ¿y por dentro? ¿no cambia nada?…oigo los latidos de mi corazón como nunca los había escuchado. Es la llamada, -me digo-, esa es la llamada para realizar los cambios que necesito.

A veces no doy un abrazo porque me horroriza pensar que puedo estar molestando a quien lo recibe. ¡Pero estamos tan necesitados! que, ¡cómo puede ser molesto algo tan sagrado!

Pero reconozco que tengo miedo al rechazo.

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Es duro escribir alto tan sutil y a la vez tan complejo y sofisticado. Me ha volado la cabeza en el momento en el que he escrito ese párrafo. Esa palabra: rechazo.

[Rechazo. Definición:
Sustantivo masculino.
Esta palabra se define a la acción y resultado de rechazar o rechazarse. Retroceso, retorno, vuelta, reculada, retirada, regresión o regreso que hace un cuerpo por encontrarse con alguna resistencia.
Fuente: https://definiciona.com ]

Me dan palpitaciones. Y hay una vocecita dentro de mi cerebro riéndose y mirando absorta lo que acabo de decir: ¡no se lo cree!

Pero no se lo cree, porque pensaba que nunca haría frente a lo que ahora mismo estoy librando.

Se me inflan los oídos, mis dedos parecen tropezarse en el teclado, pero hay una presencia en mi que me está acompañando en este momento, dándome ánimos, calor, y poder para seguir sacando fuera todo lo que tengo guardado.

Tengo que agradecer[le] por adelantado. Gracias.

Mi garganta se ha secado. Mis pies se han enfriado. Y mi pecho respira profundo.

Es una ciclogénesis psico-corporea alucinante. Que ahora mismo me está haciendo sonreír. Me emociona, y me hace relajarme, mis hombros acaban de liberarse de un peso, toda mi musculatura acaba de hacer ploff sobre la mecedora en la que estoy sentada, y soy incapaz de dejar de escribir. Siento que tengo que seguir, que tengo que decir[me] todo esto. Que tengo que sacarlo a la luz, esta luz llamada escritura, y trascenderla, integrarla, asumirla.

Aceptar[la]

Qué bello es Vivir.

Qué ganas de Vida.

Alas

Cuando mi cuerpo supo de la muerte, mi mente concibió la idea de la misma, y mi cordura puso pies en polvorosa por sentirme más cerca de ella que de la Vida, supe que algo interno estaba removiendo mis sensores instintivos y mi intuición estaba siendo socavada bajo muchos metros de pensamientos aferrándose a raíces que ya no daban frutos ni flores. 

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Tenía la certeza de que algo olía a putrefacto y ni siquiera estaba cumpliendo con su misión de abono después de haber tenido su tiempo de uso y disfrute.

Decía una amiga: los tiempos del Universo son perfectos. 

Esa necesidad a la que me aferraba, seca, sin vida, sin raíces con las que volverla a sembrar, que ya parecía pincharme de tanto abrazarla, quebradiza a cada apretón contra mi pecho, que más que darme calor, hacía que pasara un frío desolador constante y sin invierno… era una muerte anunciada. 

Me emocioné al mirarla. La sentí en mis carnes. Esa muerte anunciada, por fin, era escuchada, vista, y estaba lista para marcharse. Hoy me urge decirle que ya es hora de que se vaya. Los brazos me duele abrir, mientras todas sus secas y quebradizas partes se deshacen a medida que ensancho mi pecho, pongo recto mi cuerpo e intento dirigirlo al cielo, queriendo liberarme de una carga de la que no he sabido desprenderme hasta ahora por miedo. Un miedo que se conectó, como si de un móvil a un cargador fuera, a mi alegría, ganas, vitalidad, voluntad, y felicidad. Hasta llegar al agotamiento extremo. Donde, de una vez por todas, he dicho -¡Basta!-

He anidado y alimentado a una necesidad muerta en mi lecho de Vida. He bailado alrededor de ella, queriendo resucitarla, a sabiendas de que, por mucho que hubiera cenizas bajo ella y yo provocara chispas para que volviera a arder, sólo retenía en mi mochila ilusiones e ideas, deseos y pasiones, que nada tenían que ver con la realidad que me mostraban. 

Te veo, necesidad. 

Te veo, y te dejo ir en paz. 

Ahora este espacio que dejas, 

este espacio que se libera

donde se respira de nuevo la libertad, 

donde la luz ilumina y da claridad

donde puedo, por fin, descansar, 

vuelve a ser y estar preparado para recibir una Vida nueva, 

para crear

vuelve a ser un espacio Vacío y donde todo es Posible

Me ha parecido ver a la alegría haciéndome sonreír, a la felicidad echando raíces, a las ganas abonando el terreno, y a la vitalidad queriendo resurgir. Noto vibraciones nuevas en mi cuerpo, casi puedo sentir la velocidad a la que circula la sangre por mis venas, la energía recorriendo cada rincón anunciando buenas nuevas. Los cinco sentidos básicos parecen más alertas, algo se despierta,

y no es mi gata,

sino mi Vida,

abriendo sus alas

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Luna llena

Este blog parece perder sentido, y tú estás dejando de ser mi musa.

Que la luna llena de esta noche me deje pedirle el deseo que más anhelo: un amor verdadero.

Y que comience, por fin, el siguiente baile en esta pista de la Vida donde tod@s cabemos.

Hace tiempo que lo sé. Ahora ya me lo creo. Es más, me lo merezco. Y te estoy esperando, nuevo Amor de fin de verano. Para que, más que hagamos el agosto, seas mi regalo, el próximo mes, por ser mi cumpleaños.

Ni siquiera te imagino, prefiero que el Universo me sorprenda, yo tan solo quiero disfrutar de la experiencia: de Ser Amada.

Quizás me encuentres algo distraída y despistada, y cuando me llames la atención me ponga colorada. Pero créeme si te digo, que incluso para este encuentro ni siquiera tú estarás preparada. Hay Voluntades que se nos escapan pero, no te preocupes, que seguro que lo que no faltará ese día será la Magia: la Chispa Adecuada.

Antes de que llegues: Gracias.

Lo-cura

¡Es una loca!, me digo

¡Es una loca desequilibrada!, sigo gritando mientras mi cabeza genera movimientos de un lado a otro tratando de decirme que no a algo que ya sé que sí. 

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Pero se me endulza la boca, y me saliva la garganta sólo de traer su sabor a mi imaginación, cuando quiero vencerme en los brazos de Morfeo tras caer la media noche. Y cierro los ojos. Y guardo la calma. Durante los primeros minutos todo está oscuro, y en silencio. Ni siquiera los vecinos se escuchan hoy meneando la cama. Se han debido de ir de vacaciones. Es verano, y se escucha entre los patios, el sonido de las máquinas de los aires acondicionados. Son cerca de la 1 de la madrugada, y hace 30 grados en la calle. El sudor recorre mi espalda pegada al colchón. Parece predecible, pero instantáneamente tu imagen va y viene como si fuesen flashes, o la luz blanca que parpadea en una discoteca tecno-dance. Mi cuerpo empieza a relajarse, pero a medida que voy entrando en el estado rem, y bajan los hercios a 3 de mi cerebro para entrar en el bendito sueño, ¡zas! ahí estás otra vez. Pego un respingo de la cama, como cuando te vas a caer. 

Mojo mis labios, pongo mis manos entre el vientre y el pecho, y en una postura cómoda intento de nuevo conciliar con ese estado de vigilia porque ya va siendo hora. Esta vez me he dicho a mí misma, que si te encuentro, te como la boca. 

8 de la mañana. 

¡Déjame en paz! -Grito exaltada en la cama. Ya no aguanto más. 

Entre la luz por la ventana, el sol hace ya una hora que se despertó. A mí me despiertan las pesadillas. Otra noche más sintiendo tu rechazo y mi desesperación. Esta vez eras tú la que me buscabas, y yo … yo la que se quedaba quieta para que me encontraras. Aún así, lograbas ponerte delante de mí, y reírte en mi cara. ¿Qué más quieres de mí? Esta puerta ya está cerrada. No pienso creer ni una sola palabra tuya más. No pienso …en ti. 

¡Estás loca, desquiciada, desequilibrada! 

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Y aún así, logras parecer una cuerda ante mi atenta mirada. Quizás porque no veo más allá de ti. Quizás porque solo muestras aquello que quieres que se vea de ti, y algo dentro de mi me habla en sueños para plantarte cara y decirte ¡basta! 

¡Basta! No vuelvas, no quiero saber más de ti. Sólo quiero refugiarme en mi sentir, perdonarme por todo lo que hice sin pensar en mi, por creer en ti. Solo quiero abrazarme y pedirme de corazón permiso para ser feliz. Quiero volverme a enamorar, quiero sentir esa alegría de vivir. Quiero mirarme al espejo y verme sonreír. Ahora sé que sobras aquí, en mi. Ahora sé, que nada ha sido en vano, que todo lo que pasó fue porque por alguna razón debía de ser así. Asumo mi responsabilidad.

Perder para ganar. 

 

Así es,

perder-te

para

ganar-me.